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Magali nació y creció en un entorno de abuso y violencia. Su infancia estuvo marcada por el rechazo de su padre, quien deseaba un hijo varón, y la indiferencia de su madre, atrapada en una relación con un hombre alcohólico y abusivo.
Desde pequeña, sufrió agresiones físicas y sexuales, primero por parte de un familiar cercano y, luego, por amigos de su hermano. Con el tiempo, estos eventos moldearon su percepción del mundo y de las relaciones humanas. Siendo aún una niña, Magali quedó embarazada, producto de una violación.
Su familia la rechazó, y la institucionalización temporal no cambió su destino. Creció en un hogar donde el tráfico de drogas, la violencia y la negligencia eran parte de la rutina.
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Con el tiempo, la joven repitió los patrones que había aprendido: comenzó a consumir drogas y se involucró en actividades delictivas.
Al llegar a Monterrey, intentó comenzar una nueva vida, pero las circunstancias la arrastraron de nuevo al mismo ciclo. Se convirtió en madre otra vez, pero la inestabilidad económica y el consumo de drogas marcaron su relación con su hija.
Magali consumió marihuana durante todo el embarazo, lo que posiblemente afectó la salud de la niña. La situación se agravó cuando la bebé, de apenas un año y tres meses, fue asesinada.
FRUSTRADA
La justicia no actuó, y la muerte de su hija fue catalogada como un caso sin responsables.
Desesperada y sintiéndose impotente ante la impunidad, Magali tomó la justicia por su cuenta. Identificó al presunto responsable de la muerte de su hija y lo asesinó con un picahielos.
Aquel acto marcó un punto de quiebre: lo que comenzó como una venganza personal, se convirtió en una espiral de violencia. Magali sintió una liberación al cometer el asesinato y, a partir de ese momento, adoptó una postura de odio hacia los hombres, convencida de que todos eran potenciales agresores.
Poco después, fue reclutada por un grupo criminal, donde continuó con su camino de violencia. Su historial incluyó secuestros, torturas y homicidios, hasta que finalmente fue detenida y encarcelada.
En prisión, comenzó un proceso de introspección sobre su vida, cuestionando sus acciones y el impacto de su historia de abuso en sus decisiones.
EJEMPLO
El caso de Magali es un reflejo extremo de cómo la violencia estructural y la impunidad pueden transformar a una víctima en victimaria.
Su historia no es un intento de justificar sus crímenes, sino de comprender las circunstancias que la llevaron a convertirse en lo que ella misma temía y odiaba. Es un testimonio de cómo la falta de protección a las víctimas de abuso puede soltar una cadena de eventos trágicos que perpetúan la violencia.
Magali no nació criminal. Su historia muestra cómo una infancia marcada por el abandono, la agresión y la impunidad pueden moldear a una persona hasta llevarla al extremo de la venganza y la autodestrucción.
