Más Información
La humildad de San Francisco no era una renuncia pasiva, sino un compromiso activo con el servicio a los demás. En un mundo que premia la ambición y el éxito material, su opción por la simplicidad y el cuidado de los más pobres desafía los valores modernos. La humildad franciscana nos recuerda que el verdadero poder reside en el servicio y en la capacidad de vivir en comunidad.
Diversas organizaciones y comunidades religiosas alrededor del mundo han adoptado los principios de San Francisco de Asís para promover acciones sociales, desde la protección ambiental hasta el servicio a los marginados. En un siglo donde las injusticias sociales y ambientales están entrelazadas, el legado de San Francisco continúa guiando a quienes buscan una sociedad más justa y sostenible.
Oh, Señor, hazme un instrumento de Tu Paz.
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
ser comprendido, sino comprender;
ser amado, como amar.
Porque es:
Dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la
Vida Eterna.