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(Imagen Ilustrativa: Meta AI)
Nacido en el municipio de Tecalitlán, Jalisco el 19 de junio de 1874, desde muy pequeño, Miguel dominó las faenas agrícolas y ganaderas destacándose como un buen jinete.
Movido por el amor a Dios, en su adolescencia ingresó al seminario conciliar de Colima, donde cursó los estudios eclesiásticos hasta su ordenación presbiteral ocurrida en el año de 1906.
De acuerdo con los registros históricos, Miguel de la Mora se caracterizó por ser un sacerdote sencillo, discreto, ordenado y puntual. Es recordado por ser un hombre lleno de caridad con los pobres y dispuesto a servir a sus semejantes.
Fue ministro de Tomatlán, en la Iglesia Catedral de Colima, en la hacienda de la población de San Antonio, en Zapotitlán. Posteriormente volvió a la Catedral como capellán de coro.
Colima fue el primer estado en que el gobierno mexicano exigió la inscripción de los sacerdotes para otorgarles licencias de ejercer. Ante esto el Obispo y sus sacerdotes protestaron afirmando que sufrirían todo antes que ser traidores a su fe y de su fidelidad a la Iglesia.
Ya con el conflicto armado en pleno apogeo, el sacerdote decidió permanecer en el domicilio de su familia. “¿Cómo se va a quedar Colima sin sacerdotes?”, dijo al tomar su decisión.
Rebelde a la imposición del presidente Calles, de manera discreta oficiaba la misa en su domicilio, justamente era vecino del jefe de operaciones militares de Colima, el general José Ignacio Flores, quien, al identificarlo como clérigo ordenó su arresto.
El padre salió libre bajo fianza, con la condición de reanudar el culto de la Catedral contra las disposiciones episcopales, sin embargo, decidió dejar de ocultarse.
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(Imagen Ilustrativa: Meta AI)
La madrugada del 7 de agosto de 1927, con ropas humildes, acompañado por su hermano Regino y el presbítero Crispiniano Sandoval, Miguel salió rumbo a la sierra.
Cuando pasaba por el mesón de Cardona, una persona lo reconoció. “Es usted padrecito”, le preguntaron. “Sí, lo soy”, contestó. Esto fue suficiente para que fuera detenido y sometido.
Conducido a la jefatura de operaciones militares de Colima, durante el trayecto escapó el clérigo que lo acompañaba, pero no fue perseguido porque no lo identificaron como religioso.
Llevado ante el general Flores, representante militar del gobierno en Colima, éste ordenó la ejecución inmediata de los hermanos De la Mora, en la caballeriza del cuartel, sobre el estiércol de los caballos.
Sabiendo que su momento había llegado, Miguel de la Mora rezó el Santo Rosario al tiempo de que fue asesinado por el pelotón de fusilamiento. Su hermano Regino lo vio morir y salvó la vida alegando que él no era sacerdote.
El cadáver de Miguel de la Mora fue sepultado en el panteón municipal de Colima, ya extinto el conflicto cristero, dos años después, sus restos fueron colocados en una cripta de la Catedral colimense.
Por su valor al entregar su vida en defensa de la fe católica, fue canonizado por el papa Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000, junto a 26 mártires más conocidos como los Santos mártires de Cristo Rey.