La figura de Daniel Bisogno fue mucho más que la de un comentarista de espectáculos. Junto a Pati Chapoy, construyó la emisión ‘Ventaneando’, una de las tradiciones televisivas más importantes en México. Pero su legado va más allá del programa: con su estilo mordaz e inteligente, influyó la manera de hacer crítica en televisión.
Conectó con generaciones que buscaban una televisión sin filtros, con un lenguaje más cercano. En un medio acostumbrado a la solemnidad y al respeto o complacencia a los famosos, Daniel rompió moldes. No tenía miedo de decir lo que pensaba, pero siempre con la astucia de quien sabe que las palabras tienen peso. Hizo de la ironía un arte y de la opinión una referencia obligada en la conversación pública.
Hoy, muchos comunicadores en medios digitales replican su estilo, pero Daniel lo hizo cuando nadie más se atrevía. Su capacidad para incomodar, hacer reír y decir verdades lo convirtió en un personaje único. Y, sin embargo, la misma franqueza que lo hizo destacar también lo volvió blanco de críticas en sus últimos días, sobre todo en esa corriente de nuevos programas de chismes de Youtube.
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Más allá de la polémica, su aportación a la televisión y la radio es incuestionable. Supo rodearse de especialistas, compartir el micrófono y enriquecer cada proyecto con su experiencia. Como titular en ‘Ventaneando’, Radio 13 y El Heraldo Radio dejó claro que su talento iba mucho más allá de la pantalla.
Tuve la fortuna de trabajar con él en Basta!, y siempre me impresionó su calidez. Daniel tenía ese don de hacer que el trabajo fluyera mejor, de aportar sin necesidad de protagonismo. No buscaba imponerse, pero siempre dejaba huella.
En lo personal, Daniel fue un hombre que lo dio todo por su familia. Su vida no giraba en torno a los reflectores, sino a quienes amaba. El nacimiento de su hija fue, sin duda, el acontecimiento que más lo marcó. Para él, no había nada más importante. En confianza, solía decir que era un “papá barco”, pero la realidad es que fue un padre amoroso, protector y presente. Todo lo que hacía terminaba en ella, en su futuro, en sus sueños.
Vivió intensamente, con sus aciertos y errores, pero siempre fiel a sí mismo. Nunca se rindió. Hasta el último momento, luchó con la misma fuerza con la que construyó su carrera.
Su partida nos recuerda que la vida es efímera, que el éxito y la polémica son pasajeros, pero lo que realmente importa es lo que dejamos en quienes nos rodean. Nos enseñó que en la vida hay que decir lo que se piensa, defender lo que se cree y, sobre todo, vivir sin miedo.
Se fue el gran entretenedor, pero, sobre todo, se fue un gran ser humano. Y así, con su irreverencia intacta, su voz trascenderá en quienes tuvimos el privilegio de conocerlo. Descansa en paz, querido Daniel. Nos leemos la próxima aquí donde quizá hablemos de ti.