llegó a la Ciudad de México y confirmó por qué es una de las artistas más influyentes del mundo. Su capacidad para conectar emociones con experiencias personales ha sido clave en su evolución, no solo como cantante, sino también como figura cultural.

Posee un sentido casi intuitivo para comprender a su audiencia, y ese vínculo nace de sus valores y de una profunda

Tuve la oportunidad de conversar con una de sus colaboradoras más cercanas, y en esa charla comprendí el origen de su éxito. se ha convertido en un estandarte de dignidad, gracias a su conducta intachable y una vida guiada por los principios que le inculcó su familia. Esa coherencia entre lo que dice, hace y representa ha sido fundamental para conectar con millones de fans.

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Su gira es un éxito rotundo

Solo en sus siete fechas en el Estadio GNP, en la Ciudad de México, reunió a casi medio millón de personas. Pero más allá de las cifras, lo impactante es la carga emocional: esta es la voz de las mujeres que ya no lloran, que ahora facturan, que se reconstruyen y avanzan con fuerza.

Bajo la consigna de que hoy las mujeres toman las riendas, ha roto esquemas y abierto conversaciones necesarias, impulsando una nueva narrativa sobre lo femenino desde la fuerza.

Con más de dos horas y media de duración, Shakira mantiene una energía inagotable. El escenario incluye una impactante pantalla de 40 metros de largo por 12 de alto, luces robóticas de 360 grados, visuales impecables y una loba en 3D de más de 10 metros como una muestra de que la tecnología conmueve.

Shakira trasciende la música: es un símbolo de inspiración capaz de tocar fibras profundas sin perder autenticidad. En el escenario es múltiple: puede ser romántica, rebelde, nostálgica o poderosa, con la delicadeza de un pétalo de rosa. Tiene el talento de entrelazar emociones en un show, con una producción tecnológica inigualable.

También es una empresaria valiente, que apuesta todo en cada proyecto. Lidera un equipo de más de 150 personas con determinación, pero también con humanidad. Como madre, sin descuidar ningún detalle de sus conciertos, suele trabajar por las noches, enviando observaciones precisas para que su equipo las atienda al día siguiente. Conoce a fondo los instrumentos locales de cada región que visita y siempre prioriza a sus hijos y a su familia. No es una mujer intensa, sino apasionada.

Para quienes aún no comprenden su éxito, la clave está en su sensibilidad. Sus conciertos se han convertido en refugios emocionales, donde la gente puede crecer, reconstruirse y sentirse parte de una familia unida al ritmo de unas caderas que, efectivamente, no mienten.

Shakira deja claro que no es solo un espectáculo: es una experiencia de fuerza, sanación e identidad. Es la certeza de que aún existen artistas que nos recuerdan quiénes somos y todo lo que podemos llegar a ser. Nos leemos la próxima, aquí, donde quizá hablemos de ti.

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