El uso de la en la medicina ha avanzado a gran velocidad y hoy representa un gran apoyo para los pacientes con cáncer de pulmón, ya que permite diagnósticos más precisos y oportunos, lo que mejora las posibilidades de tratamiento contra esta enfermedad, que causa la muerte del 18.5% de quienes la padecen a nivel mundial.

En el marco del , que se conmemora cada 4 de febrero, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el cáncer de pulmón es la principal causa de muerte por cáncer en el mundo. Tan solo en 2020, se registraron 2.21 millones de nuevos casos y 1.80 millones de fallecimientos por esta enfermedad. En México, cada año se reportan alrededor de 9,000 casos.

“La IA, en un caso de cáncer de pulmón, puede ofrecer información puntual que se carga al robot en un minuto, permitiendo elaborar un plan quirúrgico con la opinión de cinco millones de expertos cirujanos en procedimientos similares alrededor del planeta, con un menor margen de error”, explicó el doctor José Manuel Mier Odriozola, director de la Clínica de Cáncer de y Tumores de Tórax en el Hospital Ángeles de las Lomas.

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El especialista detalló que la IA permite al robot visualizar el tumor en tercera dimensión y en alta definición, lo que triplica la precisión quirúrgica, minimiza el temblor, reduce el sangrado y el dolor, y facilita una recuperación más rápida del paciente.

Mier Odriozola añadió que el tratamiento del cáncer de pulmón depende de su estadio, que se clasifica del 1 al 4, siendo el último el más avanzado. Además, destacó que actualmente se emplea la cirugía de mínima invasión, que permite realizar incisiones pequeñas sin generar dolor significativo, reduciendo el uso de antibióticos y antiinflamatorios, lo que acelera la recuperación y mejora la expectativa de vida en pacientes oncológicos.

El especialista concluyó señalando que, en el 85% de los casos, el tabaquismo es el principal factor de riesgo para desarrollar cáncer de pulmón. Sin embargo, también existen otros factores menos conocidos, como la exposición ambiental y la genética. Además, sustancias como el radón, asbesto, arsénico, berilio y uranio han sido relacionadas con la aparición de esta enfermedad.

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